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Las fuerzas de neandal von Sánchez, Luz Adriana Escobedo (eBook)

  • Verlag: Grupo Rodrigo Porrúa
eBook (ePUB)
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Las fuerzas de neandal

'En Neandal, un planeta en el cual Habitan 10 razas distintas, los Kheinianos quienes son la raza de menor tamaño y constitución física siempre han tenido el liderato y se distinguen por adorar al sol y ser los únicos que tienen contacto con las Diosas, seres de gran belleza e inteligencia, quienes les ayudan a mantener el equilibrio en el planeta. Ha comenzado una batalla por el liderato, los bhiorghianos aprovecharon un evento inesperado, la muerte de la doncella de kheinys, la ciudad de los kheinianos, después de 50 años ha llegado la nueva doncella. ¿La Doncella podrá sobrevivir y mantenerse a salvo?'

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: AdobeDRM
    Seitenzahl: 188
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 6610000073405
    Verlag: Grupo Rodrigo Porrúa
    Größe: 705 kBytes
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Las fuerzas de neandal

El nacimiento

En una noche lluviosa, los truenos retumbaban por las pequeñas ventanas de madera y carrizo que comenzaban a deshacerse. El olor a humedad era penetrante y el frío cada vez más intenso. ¡Qué noche tan difícil estaba pasando Darren, la gran líder de la ciudad de Kheinys, pero eso no era suficiente para desalentar su espíritu! Ella tenía una misión y sabía que tendría que cumplirla, no sabía cómo ni por qué, pero eso no era importante. Dar vida a la primera doncella después de cinco varones, definiría el rumbo para la ciudad que ahora gobernaba. La presión por parte de las diosas era insoportable, bien sabía que no podía darse el lujo de fallar, eso implicaría su trágico descenso. Pero la suerte estaba de su lado en ese día lluvioso, frío y triste, aunque se estaba quedando sin un techo, la comida escaseaba y sus cinco hijos varones demandaban a tiempo completo su atención. Por fin estaba sucediendo, una pequeña doncella de grandes ojos color verde esmeralda y hermosos rizos tan rojos como las manzanas de Kheinys, iluminaria la vida de los kheinianos.

Cuando las diosas se enteraron de su llegada, la alegría se hizo sentir en cada extensión de mar y bosque de la gran ciudad de Kheinys. No había podido sucederle nada mejor a Darren, que a sus 200 años, aún se sentía toda una jovenzuela de caderas amplias, cintura contorneada, grandes pechos, grandes y expresivos ojos verde esmeralda, un cutis suave y blanco como la leche y unos rizos tan dorados como los rayos del sol. Su gran carácter y fortaleza espiritual la hacían la persona indicada para esta gran encomienda. Después de la muerte de Sayuri, los kheinianos habían quedado devastados, necesitaban el poder femenino de una nueva doncella que los encauzara a la vida prolifera que durante siglos habían mantenido. Que una doncella falleciera antes de que estuviera preparada su sucesora era un mal presagio. Los kheinianos esperaban lo peor, ya habían pasado 6 años de desilusión con cada nacimiento de los cinco hijos varones de Darren. Aunque ella los amaba como lo haría cualquier matka que estuviera en sus cabales, cada vez que los veía recordaba el odio en la mirada de cada kheiniano y de cada diosa, esperando que pudiera traer al mundo a la tan esperada Doncella.

Tasuil era el nombre asignado a la nueva doncella, Darren y Tali, su pareja, un macho corpulento de tez blanca, ojos azules y una abundante y espesa mata de cabellos negros, lo habían seleccionado guiándose por el libro sagrado de los nombres para doncellas que les habían proporcionado las diosas. Ahora les esperaba una extenuante y ardua labor en la crianza y educación de Tasuil. Sobre esos pequeños y delicados hombros recaía la gran responsabilidad de toda una ciudad.

La suerte de Darren no duraría demasiado, al amanecer del siguiente día sintió que Tasuil estaba hirviendo en fiebre, de inmediato llamó a gritos a Tali.

-¡Tali! ¡Tali! -gritó Darren desesperada-, Tasuil está enferma.

-¿Qué pasa, Hembra? No seas exagerada -contestó Tali con enfado-, estoy demasiado cansado para tus intuiciones y tonterías.

"Siempre es lo mismo con este mulo", pensaba Darren, "no puedo contar con él para nada, siempre tengo que hacerlo todo sola".

De inmediato, acudió a los sabios y curanderos de la cuidad; salió de su humilde choza con la niña en brazos y al llegar a donde estaban los sabios, tocó desesperadamente la pequeña puerta de madera con detalles de barro en forma de lobos que la decoraban. El mayor de los sabios se aproximó lentamente a la puerta.

-¿Quién es? ¿Qué necesita? -dijo en voz baja y cautelosa el sabio.

-¡Soy Darren! ¡Tasuil está ardiendo en fiebre! -contestó Darren con gritos de desesperación. De adentro de la choza se escucharon gritos.

-¡Tasuil! ¡Tasuil! ¿Qué le sucede a Tasuil?

El más joven de los sabios gritó con desdén, mostrando poco interés:

-¡Lo sabía! ¡No es posible que gob

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