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El viaje de Teo von Clément, Catherine (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 15.12.2014
  • Verlag: Ediciones Siruela
eBook (ePUB)
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El viaje de Teo

De Jerusalén a Benarés, y deteniéndose en Delfos, Estambul, Dakar, Río de Janeiro, Yakarta, Nueva York, Kioto o El Cairo, el joven Teo y su excéntrica tía Marthe darán la vuelta al mundo de las religiones con la intención de encontrar, en cada uno de los lugares visitados, una respuesta distinta a esa pregunta fundamental. Como si de una odisea espiritual se tratase, este viaje por continentes, culturas, costumbres y ritos sagrados permitirá a Teo el encuentro con diferentes sabios, que abrirán su espíritu y lo prepararán para el verdadero viaje que le aguarda: el de la vida. La filósofa y novelista francesa Catherine Clément (París, 1939) es autora de numerosos ensayos sobre antropología y psicoanálisis y ha escrito cerca de una docena de novelas. Su best-seller El viaje de Teo (Siruela, 1998) ha sido publicado en una docena de países y en España ha vendido hasta el momento más de 80.000 ejemplares.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 576
    Erscheinungsdatum: 15.12.2014
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788416280193
    Verlag: Ediciones Siruela
    Größe: 853 kBytes
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El viaje de Teo

LA IRA DE LOS DIOSES

-¡Teo! ¿Has visto qué hora es? ¡Teo!

Teo no dormía de verdad. Con la cabeza metida debajo de las sábanas, se entregaba a la deliciosa sensación flotante del despertar. En el instante preciso en que su madre entró en la habitación, estaba a punto de elevarse por los aires, sin su cuerpo... ¡Qué sueño tan increíble! Y ¿había que detenerse? Ahora que vagaba tan ricamente entre el sueño y el día, ¿por qué?

-¡Venga, ya está bien! -exclamó Melina Fournay-. Esta vez, como no te levantes...

-¡No! -gimió una voz sofocada-. ¡No me sacudas la almohada!

-Siempre igual -protestó su madre-. Como te acuestas tarde, tienes mal despertar. ¡Es culpa tuya!

Teo se incorporó perezosamente. Lo más duro era pasar a la posición vertical y enfrentarse al ligero vértigo de la mañana. Un pie surgió de la cama, luego una pierna, luego Teo entero, con el pelo rizado revuelto. Se puso en pie... y se tambaleó. Su madre lo agarró justo a tiempo y se sentó con él en el borde de la cama. Suspirando, examinó los libros esparcidos sobre la manta.

- Diccionario del antiguo Egipto , Mitología griega , Libro de los muertos tibetano ... ¿Qué son estos horrores? ¡Esto no es para tu edad, Teo! ¿Hasta qué hora te quedaste anoche? -dijo, gruñona.

-Hmmm... No sé -masculló Teo, adormilado.

-Te quedas demasiado tiempo leyendo -murmuró, frunciendo sus espesas cejas negras-. Acabarás enfermo.

-Que no... -respondió Teo en un bostezo-. Lo que pasa es que tengo algo de hambre.

-Todo está en la mesa, y te he preparado las vitaminas -dijo, dándole un beso en la frente-. Tu amiga Fatou estará al llegar, date prisa. Abrígate bien, que hace un frío que pela. ¡Ah!, no te olvides de pasar por la farmacia a buscar tus ampollas. La receta está en el aparador de la entrada... ¡Teo!

Pero Teo correteaba hacia el cuarto de baño, sujetándose en las paredes. Pensativa, Melina volvió a la cocina, donde su marido Jérôme leía el periódico del día anterior.

-Este niño no está bien -dijo a media voz-. Nada bien.

-¿Quién, Teo? -dijo su marido sin levantar la cabeza-. Primero: a sus catorce años, ya no es un niño. Segundo: ¿qué es lo que le pasa?

-Bah, nunca te das cuenta de nada. Tiene una mala cara espantosa, le cuesta levantarse...

-También Descartes odiaba levantarse por las mañanas. Y eso no le impidió llegar a ser filósofo.

-Pero si hasta parece que tiene vértigos y...

-Ya sabes que lee hasta tarde -interrumpió Jérôme tranquilamente.

-¿Has visto sus lecturas? -exclamó Melina-. Diccionario de mitología , Libro de los muertos tibetano ... ¡El Libro de los muertos!

-Mira, cariño: Teo no ha tenido ninguna educación religiosa. Tú y yo estábamos de acuerdo en esto... ¿Qué tiene de extraño que se forme a sí mismo? ¡Déjalo! Si quiere escoger una religión, que lo haga... Además, ha crecido mucho. En la revisión médica anual no le han encontrado nada, que yo sepa, ¿no?

-¡No hablarás en serio, Jérôme! ¿La revisión médica del instituto? Auscultación, reflejos, una radiografía rápida, y eso ni siquiera todos los años, y ya está... No, decididamente, lo llevo al doctor Delattre.

-¡Ya está bien, Melina! ¡Lo atiborras de reconstituyentes y lo mimas como a un bebé! ¿Que lee hasta tarde? Pues bueno. A mí no me parece mal. Siéntate.

-Algo le pasa -musitó-, estoy segura.

-Como quieras -suspiró él, doblando el periódico-. Ve a ver a Delattre. Conseguirás tu análisis de sangre. Y yo, si no te molesta, me voy pitando al laboratorio. ¿Me das un beso?

Melina le ofreció la mejilla sin contestar.

-Y ¡que no vuelva a oír hablar de los vértigos de tu polluelo adorado! -amenazó al salir de la habitación.

Sola delante de su café, Melina rumiaba esperando a Teo.
La familia de Teo

Hasta ese invierno pasado,

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