text.skipToContent text.skipToNavigation
background-image

La llave del Alquimista von Brambilla, Cristina (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 17.05.2012
  • Verlag: Ediciones Siruela
eBook (ePUB)
7,99 €
inkl. gesetzl. MwSt.
Sofort per Download lieferbar

Online verfügbar

La llave del Alquimista

La llave del alquimista es una mezcla perfecta de humor, magia, misterio y emoción que nos cautiva de principio a fin. Un poderoso talismán escondido en las entrañas de Venecia. Un alquimista decidido a apoderarse de él. La intrépida Lucilla vivirá la aventura más emocionante que los canales venecianos hayan visto nunca. No todo el mundo se levanta una mañana y descubre que su padre no es un químico adicto al trabajo sino un mago alquimista. Que a sus órdenes trabaja una gárgola gruñona con garras afiladas que no es lo que parece. Que la ciudad a la que se acaba de mudar, Venecia, es en realidad un gigantesco laberinto de agua y niebla donde se esconde la llave más poderosa de la historia de la magia. Cristina Brambilla (Sesto San Giovanni, Milán, 1964), de niña tenía un sueño: dedicarse a la arqueología. En cambio, se convirtió en redactora publicitaria. Pero su cabeza no dejaba de llenarse de extraños y ruidosos personajes hasta que, un día, decidió librarse de ellos, obligándolos a mudarse al papel y convirtiéndose así en una reconocida escritora de literatura juvenil.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 192
    Erscheinungsdatum: 17.05.2012
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788498418149
    Verlag: Ediciones Siruela
    Größe: 1019 kBytes
Weiterlesen weniger lesen

La llave del Alquimista

Mudanza sobre el agua

Los hombres cargaron la última caja de cartón en el camión. La chica asomó la nariz por la ventana para observar en silencio a su padre, alto y delgado, que aplaudía satisfecho. Aparte de la pecera de cristal de Gustavo , no se había roto nada importante. Gustavo tendría que hacer el viaje en tren dentro de una bolsa de plástico, pero su padre le había pedido que tuviera paciencia. Cualquier cosa era mejor que la alternativa, un viaje solo de ida al estanque del parque público, y mucho menos ahora que se acercaba el invierno. La chica dejó que su padre firmara el cheque para los hombres de la mudanza y fue a dar una última vuelta por la que había sido su casa durante trece años. Le pareció enorme, horrible, con las siluetas de los cuadros marcadas en la pared, las telarañas colgando del techo y enormes pelusas de polvo detrás de todas las puertas. Le pareció el lugar más feo del mundo y, aun así, ya lo echaba de menos.

Pensó que incluso Gustavo , encerrado en su bolsita de plástico, tenía aspecto infeliz. Después recogió del suelo la maleta de piel que contenía todas sus cosas y pensó que era terriblemente injusto que su padre hubiera vendido su casa para mudarse a "la ciudad más hermosa del mundo", y lo odió con todas sus fuerzas.

Cuando llegaron, llovía. La chica había ido de excursión a Venecia con el colegio cuando tenía ocho años y, entonces, también llovía. Volvió a ir con su madre dos años después y llovía. Aquel día, la laguna era del mismo color que el cielo y la lluvia caía sin cesar, dejándolo todo uniformemente acuoso. Los edificios que había al otro lado del canal parecían estar deshaciéndose, como si fueran hojas de papel. Quizá no exista una buena época para mudarse. En primavera hace viento, en verano calor, en otoño llueve y en invierno el abrigo siempre está en la última caja, debajo de montañas de muebles. Sin embargo, mudarse a Venecia en otoño es como retar al Zorro a duelo con una mano atada a la espalda. ¿Por qué le hacía aquello su padre? "Porque es malo", se respondió la chica. Aquello fue lo único que se le ocurrió para explicarlo.

-¡Lucilla! ¿Qué haces ahí plantada con ese estúpido pez en la mano? No tenemos todo el día. Coge tu maleta y date prisa.

Lucilla pensó con envidia en la diosa Kali. Ella tenía ocho brazos y ningún problema para cargar con la bolsita de Gustavo , la maleta y el paraguas a la vez. De hecho, le habrían sobrado cinco para hacerle un corte de mangas a su padre. Afortunadamente, una mujer la protegió con su paraguas y así Lucilla pudo llegar a la parada del transbordador empapándose solo a medias. Si se hubiera parado un segundo a pensar, habría sostenido la bolsa del pez bajo la lluvia y la maleta bajo el paraguas, pero estaba demasiado enfadada para pensar. Una marabunta de turistas la arrastró hasta el transbordador mientras su padre, vestido completamente de negro, se sentaba lejos de las salpicaduras de agua y abría un mapa de la ciudad.

En ese momento, una barcaza pasó por delante de ellos, haciendo sonar la sirena. El padre alzó la vista, después buscó a su hija con la mirada y sonrió.

-Mira, Lucilla. Ahí va nuestro hogar.

En medio de los electrodomésticos desperdigados por la superficie de la barcaza, cubiertos de mala manera con una funda de plástico, estaban todos sus muebles. En Venecia, hasta las mudanzas se hacen en barca, lo que puede resultar incluso divertido. Depende del humor y de la seguridad con la que los muebles hayan sido colocados en la embarcación. A nadie le parece divertido rescatar su armario del fondo de un canal. De repente, una ráfaga de viento levantó un faldón de la funda, dejando al descubierto el marco del retrato de su madre. A Giulio Moneta se le ensombreció el rostro y volvió la cabeza para no tener que mirar.

¡ V iva! ¡Aleluya! ¡Volvemos a casa! No soportaba más aquel

Weiterlesen weniger lesen

Kundenbewertungen