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Odessa y el mundo secreto de los libros von Olmen, Peter van (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 08.02.2012
  • Verlag: Ediciones Siruela
eBook (ePUB)
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Odessa

¿No sería fascinante que existiera una ciudad habitada por famosos escritores y en la que el mundo que encierran los libros cobrara vida?La joven Odessa viaja a Scribópolis, la ciudad donde viven Shakespeare, Kafka, Dostoievski, Hamlet o el Minotauro, esperando encontrar en ella a su padre, al cual no conoce. Allí se verá amenazada por Mabarak, un siniestro escritor que fue desterrado y que quiere apoderarse a toda costa de Librus, un libro mágico donde todo lo que se escribe sucede en la realidad. En esta fascinante aventura, Odessa se enfrentará a grandes peligros e irá descubriendo los secretos que encierra esta misteriosa ciudad de los libros.'Escrita con vitalidad y con una fantasía desbordante, esta novela juega magistralmente con los diferentes géneros de la literatura.'ekz Bibliotheksservice Peter Van Olmen (Kortrijk, Bélgica, 1963), creció en Deurle, cerca de Gante, y pasó varios años de su vida en Bruselas, donde empezó a escribir. Actualmente reside en Amberes, donde estudió Ciencias Económicas y ejerció como profesor de Psicología y Medio Ambiente. Odessa y el mundo secreto de los libros (premio Boekenwelp 2010) es su primer libro, del que está escribiendo su continuación.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 464
    Erscheinungsdatum: 08.02.2012
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788498418095
    Verlag: Ediciones Siruela
    Größe: 1910 kBytes
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Odessa

Tejas
Odessa deseaba tener un padre.
Deseaba un padre que la sentara en su regazo, que le contara historias prodigiosas por la noche antes de ir a dormir y que los domingos la llevara a montar a caballo. Pero nada de eso tenía importancia ahora. En este momento lo que más deseaba era un padre que le tendiera la mano y la aupara al canaló;n del tejado, porque no resistiría mucho más.
Era de noche, llovía y estaba huyendo.
Ayudándose de un alféizar y dos molduras ornamentales había trepado por la bajante de una antigua casa señ;orial. Todo fue bien hasta que llegó; al tejado. Entonces fue mal: el canaló;n sobresalía demasiado y no tenía fuerza suficiente para subirse a él.
Tenía el pie izquierdo apoyado en la moldura de la ventana más alta, y con el derecho buscaba en vano algo, un ladrillo o lo que fuera para sostenerse.
No podía bajar porque la atraparían.
Si continuaba colgada allí mucho tiempo se le agarrotarían las manos y caería.
Los adoquines de la calle brillaban a la luz de las farolas muy por debajo de donde ella se encontraba. Llovía a cántaros y el agua salpicaba en los charcos del suelo. Estaba empapada. Tenía los dedos entumecidos. El agua que chorreaba por el canaló;n le entraba por la manga.
¿Y si se soltaba? Así todo acabaría. A algunas personas les atrae la muerte. Una pequeñ;a caída, durante la cual toda tu vida pasa como una película ante tus ojos, y después nada más, eterno descanso.
Pero no podía morir; su madre se pondría hecha una furia.
"¡Vamos, Odessa! ¡Deja de hacer el tonto!", se dijo.
"No puedo, el canaló;n sobresale demasiado, no aguanto más, me voy a caer."
"¡No te vas a caer, atontada! Apoya el pie en esa ventana e impú;lsate. ¡Impú;lsate!"
Con rabia arrastró; el pie por la fachada buscando ese pequeñ;o apoyo adicional. Notó; una ranura en una piedra en la que le entraba justo la punta del zapato. Tomó; impulso y logró; encajar el codo en el canaló;n. Estuvo a punto de quitarlo porque estaba lleno de porquería: hojas podridas y una pasta mugrienta. Subió; el pie, enganchó; el taló;n y subió;.
Soltó; la hebilla de su mochila y, jadeando, se dejó; caer sobre el tejado, los pies en el canaló;n, la espalda apoyada en la fría pizarra.
Dejó; que la lluvia le corriera por la cara. ¿Qué se le había perdido ahí abajo? ¡Estú;pida! ¡Estú;pida! ¡Estú;pida! Los tejados eran sus amigos, las calles su enemigo. En las calles se sentía pequeñ;a, los borrachos le daban miedo. En los tejados se sentía a salvo, pero aquella noche algo le había llamado la atenció;n; en el centro de la plaza, abandonado sobre los adoquines y mojado por la lluvia, había un libro.
Jamás se habría atrevido a adentrarse en las calles por un libro, estuviera o no abandonado sobre los adoquines, pero con aquél ocurría algo extrañ;o: emitía luz. No una luz intensa, como la de una linterna o la de una vela. Se trataba más bien de un débil resplandor que no habría llamado su atenció;n a plena luz del día, pero que en aquella noche oscura le atrajo como una boya en el mar.
Permaneció; un rato mirándolo con fascinació;n. ¿Y si...? Jamás se había atrevido a adentrarse en las calles.
Pero su curiosidad no tardó; en vencer a su miedo. Baj&o

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