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Misterio en blanco von Farjeon, J. Jefferson (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 01.12.2016
  • Verlag: Ediciones Siruela
eBook (ePUB)
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Misterio en blanco

En la velada del día de Nochebuena, una gran nevada obliga al tren de las 11:37 procedente de la estación londinense de St. Pancras a detenerse en las proximidades de Hemmersby. Decididos a no pasar la noche en el vagón, un ecléctico grupo de seis pasajeros decide desafiar las inclemencias del tiempo e intentar llegar al cercano pueblo. A mitad de camino, se ven obligados a refugiarse en una solitaria casa de campo que, a pesar del fuego encendido en la chimenea, el té para tres dispuesto sobre la mesa y el agua de la tetera todavía hirviendo, parece estar desierta. Atrapados por las circunstancias en ese reducido espacio, los viajeros intentarán desentrañar el enigma de la vivienda deshabitada y, cuando la tormenta finalmente amaine, de las cuatro personas que han sido asesinadas; La recuperación de esta espléndida novela de intriga de ambiente navideño, desaparecida de las ibrerías desde hace más de setenta años, se ha convertido en un festivo e inesperado éxito editorial en el Reino Unido, resucitando así el interés de la crítica y los lectores por un escritor que Dorothy L. Sayers no dudó en calificar como 'un insuperable maestro en el marco de las aventuras de misterio'. JOSEPH JEFFERSON FARJEON (Londres, 1883-Hove, 1955) fue autor de más de sesenta obras que en su día recibieron un gran y merecido reconocimiento. De entre su extensa producción destaca especialmente El número 17, pieza teatral que Alfred Hitchcock adaptó a la gran pantalla.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: AdobeDRM
    Seitenzahl: 244
    Erscheinungsdatum: 01.12.2016
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788416964024
    Verlag: Ediciones Siruela
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Misterio en blanco

I

El tren aislado por la nieve

La gran nevada dio comienzo la tarde del 19 de diciembre. Aquellos que habían salido de compras sonreían mientras regresaban presurosos a sus casas, especulando sobre las posibilidades de disfrutar de una blanca Navidad. Sin embargo, sus esperanzas se vieron frustradas cuando al encender la radio escucharon la voz suave e impersonal del locutor de la BBC anunciando que un anticiclón se acercaba despiadado desde el noroeste de Irlanda, y el día 20 llegó el calor, convirtiendo la nieve en granizo y tiñendo la delgada capa blanca de un marrón fangoso.

-¡Este año no! -suspiraron los desilusionados sentimentales al tiempo que se deslizaban por la nieve medio derretida.

Pero el día 21 la nieve volvió a caer, y esta vez de verdad. El marrón se tornó nuevamente blanco, el runrún del tráfico quedó amortiguado también las huellas de las ruedas, así como las pisadas de los paseantes, todas las huellas, se borraban en cuanto aparecían. Los sentimentales no cabían en sí de gozo.

Nevó durante todo el día y toda la noche. El día 22 seguía nevando. Volaron las bolas de nieve y aparecieron también los muñecos. Los niños más escépticos volvieron a creer en el país de las hadas y los adultos más resentidos se sintieron como Papá Noel, comprando más regalos de lo que en un principio tenían previsto. Por la tarde, viajando por el infinito éter blanco, la voz del locutor informó, a los millones de oyentes que se anunciaba más nieve. El anticiclón del noroeste de Irlanda se había perdido en ella.

Y así fue: cayó más nieve, que descendió flotando desde su ilimitada fuente como un inmenso extintor. Los barrenderos, impacientes por hacerse con su cosecha, esperaban en vano a que dejara de nevar. La gente empezó a preguntarse si dejaría de hacerlo en algún momento.

La cuestión sobrepasó los límites del interés local. El día 23 se había convertido en noticia. El 24, en molestia. Los más prácticos maldecían. Hasta los sentimentales se preguntaban cómo iban a cumplir con sus agendas. El tráfico estaba desbaratado. Los coches y los autobuses no se dejaban gobernar. Las brigadas de mantenimiento del ferrocarril combatían contra los montículos de nieve acumulados por el viento. La posibilidad de deshielo, con su tremenda labor de transformación, se volvió cada vez más alarmante.

Sin embargo, el viejo pelmazo que viajaba junto a otros cinco pasajeros en un vagón de tercera clase de un tren que había salido a las 11:37 horas de Euston, se negaba a ser presa de la alarma. De hecho, aunque el tren había sufrido un parón no oficial y todo apuntaba a que se prolongaría, desestimó ostensiblemente la situación como si se tratara de una minucia, con la superioridad de un hombre viajado.

-Si de verdad quieren saber lo que es la nieve deberían conocer el Yukon -le comentó a la joven que viajaba sentada a su lado.

-¿Ah, sí? -murmuró ella obediente.

Era corista y su conocimiento del mundo se limitaba a las pertinentes visitas a algunas ciudades de provincias. El destino que la esperaba era Manchester, que, visto el estado del tiempo, se presentaba como algo bastante remoto.

-Recuerdo que una vez, en Dawson City, nevó durante un mes entero -prosiguió el viejo pelmazo, mientras el joven que ocupaba el asiento de la esquina opuesta a la de la corista pensaba: "Santo cielo, ¿va a volver a la carga?"-. Fue en 1899. No, en 1898. En fin, uno de los dos. Yo era un chiquillo en aquel entonces. ¡Terminamos hartos!

-Pues yo ya estoy harta de esta maldita nieve -replicó la corista, girando la cabeza hacia la ventanilla. Lo único que pudo ver fue una cortina de copos blancos-. ¿Alguien sabe cuánto tiempo más vamos a tener que esperar aquí? Llevamos una hora parados.

-Treinta y cuatro minutos -la corrigió el joven alto y pálido del asiento central de enfrente tras echar una mirada a su reloj. Aunque no tenía marcas en la piel,

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