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Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada von Carvajal, Luis del Mármol (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 01.09.2012
  • Verlag: Linkgua
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Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada

La Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada (1600), contiene, entre otros documentos clave sobre dicha rebelión, las Capitulaciones de los moriscos, o el Memorial morisco que originó la disputa. Luis del Mármol, su autor, combatió en el norte de África, y conoció de cerca las vicisitudes y conflictos de las relaciones entre el mundo islámico y España. Luis del Mármol y Carvajal (Granada, c. 1520-?, 1600). España. Historiador español. Combatió en el norte de África y escribió dos obras de referencia para el estudio de las relaciones entre el mundo islámico y España: Descripción general de África, sus guerras y vicisitudes, desde la fundación del mahometismo hasta el año 1571 (1573-1599) y la Historia de la rebelión y castigo de los moriscos (1600).

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: AdobeDRM
    Seitenzahl: 634
    Erscheinungsdatum: 01.09.2012
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788498979879
    Verlag: Linkgua
    Größe: 832 kBytes
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Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada

Libro II

Capítulo I. Cómo los nuevamente convertidos sintieron siempre mal de la fe. Trata de los nombres de moro y mudéjar

Apaciguadas las alteraciones del reino de Granada, y convertidos los moros a nuestra santa fe católica de la manera que hemos dicho, los Católicos Reyes los fueron regalando con nuevas mercedes y favores, gobernándolos con amor, y haciéndoles todo buen tratamiento, y mandando a sus ministros de justicia y guerra que los favoreciesen y animasen. Mas luego se entendió lo poco que aprovechaban estas buenas obras para hacerles que dejasen de ser moros; porque si decían que eran cristianos, veíase que tenían más atención a los ritos y ceremonias de la seta de Mahoma que a los preceptos de la Iglesia Católica, y que cerraban de industria las orejas a cuanto los prelados, curas y religiosos les predicaban; y siendo ricos y más señores de sus haciendas de lo que eran en tiempo de los reyes moros, jamás se tuvieron por contentos, suspirando siempre con la memoria de su antigua era; y confiados en unas ficciones vanas, llamadas jofores o pronósticos, sólo en ellas ponían su esperanza, porque les decían que habían de volver a ser moros y a su primer estado. Esto duró al principio, mientras duraron los viejos con alguna manera de libertad por su barbarismo; y después, aunque con el trato comenzaron a sosegarse los que les sucedieron, sintiendo menos regalo y mayores opresiones de las justicias, como hombres que entendían ya cualquier cosa con la práctica que tenían, empezaron a congojarse demasiadamente y a enfurecerse con su mala inclinación; de donde les crecía cada hora más la enemistad y el aborrecimiento del nombre de cristiano; y si con fingida humildad usaban de algunas buenas costumbres morales en sus tratos, comunicaciones y trajes, en lo interior aborrecían el yugo de la religión cristiana, y de secreto se doctrinaban y enseñaban unos a otros en los ritos y ceremonias de la seta de Mahoma. Esta mancha fue general en la gente común, y en particular hubo algunos nobles de buen entendimiento que se dieron a las cosas de la fe, y se honraron de ser y parecer cristianos, y destos tales no trata nuestra historia. Los demás, aunque no eran moros declarados, eran herejes secretos, faltando en ellos la fe y sobrando el bautismo; y cuanto mostraban ser agudos y resabidos en su maldad, se hacían rudos e ignorantes en la virtud y doctrina. Si iban a oír misa los domingos y días de fiesta, era por cumplimiento y porque los curas y beneficiados no los penasen por ello. Jamás hallaban pecado mortal, ni decían verdad en las confesiones. Los viernes guardaban y se lavaban, y hacían la zalá en sus casas a puerta cerrada, y los domingos y días de fiesta se encerraban a trabajar. Cuando habían bautizado algunas criaturas, las lavaban secretamente con agua caliente para quitarles la crisma y el óleo santo, y hacían sus ceremonias de retajarlas, y les ponían hombres de moros; las novias, que los curas les hacían llevar con vestidos de cristianas para recibir las bendiciones de la Iglesia, las desnudaban en yendo a sus casas, y vistiéndolas como moras, hacían sus bodas a la morisca con instrumentos y manjares de moros. Si algunos aprendían las oraciones, era porque no les consentían que se casasen hasta que las supiesen, y muchos huían de saber la lengua castellana, por tener excusa para no aprenderlas. Acogían a los turcos y moros berberiscos en sus alcarías y casas, dábanles avisos para que matasen, robasen y cautivasen cristianos, y aun ellos mismos los cautivaban y se los vendían; y así, venían los cosarios a enriquecer a España como quien va a una India; y muchas veces se iban las alcarías enteras con ellos; aunque éste era el menor mal y de que menos pena habían de sentir los cristianos, porque les acontecía anochecer en España y amanecer en Berbería con sus vecinos y compadres. Para remedio destos males proveyeron los Reyes de Castilla algunas cosas de

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