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Bajo la mirada de Occidente von Conrad, Joseph (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 01.05.2011
  • Verlag: Rey Lear
eBook (ePUB)
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Bajo la mirada de Occidente

El estudiante ruso Razumov se ve envuelto en un atentado cometido por un compañero revolucionario al que acaba delatando a la policía. Empleando similar dureza contra la perversidad de las autoridades zaristas y la crueldad de los revolucionarios, Conrad reconstruye el drama psicológico del delator, que se agudiza aún más cuando éste es enviado a Ginebra para inflitrarse en la organización a la que pertenecía el activista traicionado. Su lucha interior para convivir con el remordimiento acaba convirtiéndose en una patología que afecta a su salud mental y física. Pero entre las múltiples lecturas posibles también está la del hombre desamparado, que no puede confiar en las despóticcs funcionarios rusos que le encargan la misión ni en los opositores en el exilio a los que se ve oblligado a traicionar. Narrada desde la perspectiva occidental de un inglés afincado en la capital suiza, Bajo la mirada de Occidente está a la altura de las grandes novelas de Conrad como Lord Jim, El agente secreto o El corazón de las tinieblas. Catalina Martínez Muñoz ha realizado una nueva traducción expresamente para esta edición de REY LEAR. Como dice en el prólogo el novelista Óscar Esquivias, 'Bajo la mirada de Occidente es una de las obras mayores de Conrad. Quien no la conozca no debería demorar más su lectura'. Joseph Conrad (Berdichev, actual Ucrania, 1857 - Bishopsbourne, Inglaterra, 1924) Józef Teodor Konrad Korzeniowski es uno de los novelistas de la época victoriana que más ha influido en la literatura actual. Hijo de un escritor polaco deportado a Rusia en 1860 por sus ideas nacionalistas, su primera profesión fue la de marino mercante, lo que le permitió navegar por el océano Índico, el archipiélago malayo y el golfo de Siam, escenarios que más tarde incorporaría a sus obras. En 1890 realizó un viaje al Congo belga que afectó gravemente a su salud, por lo que decidió abandonar su oficio y comenzó a escribir siempre en inglés, una lengua desconocida para él durante sus primeros veinte años de vida. En 1895 publicó su primera novela, La locura de Almayer. Entre sus obras destacan El corazón de las tinieblas (1902), Lord Jim (1900), Nostromo (1905), El agente secreto (1907), Bajo la mirada de Occidente (1911), considerada durante años su obra más maldita; Victoria (1915) o La línea de la sombra (1917).

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: AdobeDRM
    Seitenzahl: 368
    Erscheinungsdatum: 01.05.2011
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788492403783
    Verlag: Rey Lear
    Größe: 553 kBytes
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Bajo la mirada de Occidente

P RIMERA PARTE

H E DE EMPEZAR POR DECIR que no alardeo de poseer esos altos dones de la imaginació;n y la expresió;n que habrían permitido a mi pluma crear para el lector la personalidad del hombre que se hacía llamar, segú;n la costumbre rusa, Cyril, hijo de Isiodr - Kirylo Sidorovitch - Razumov. De haber tenido yo alguna vez estos talentos en cualquier modalidad de forma viva, a buen seguro que se habrían extinguido hace ya mucho tiempo bajo una selva de palabras. Las palabras, como es bien sabido, son las grandes enemigas de la realidad. Soy desde hace muchos añ;os profesor de idiomas. Es ésta una ocupació;n que a la larga resulta fatal para la cuota de imaginació;n, observació;n o perspicacia que puede heredar una persona corriente. Llega un momento para el profesor de idiomas en el que el mundo no es sino un lugar repleto de palabras y el hombre un simple animal parlante no mucho más extraordinario que un loro. Siendo ésta mi condició;n, difícilmente hubiera yo podido observar al señ;or Razumov o adivinar su realidad por pura intuició;n, y mucho menos imaginarlo tal como era. Incluso el inventar los hechos más elementales de su vida habría excedido por completo mis posibilidades. Creo, sin embargo, que aun cuando no hiciera esta aclaració;n los lectores de estas páginas detectarían en el relato las señ;ales de la prueba documental. Y su impresió;n sería correctísima, pues la presente narració;n está basada en un documento; todo cuanto yo he aportado es mi conocimiento de la lengua rusa, suficiente para lo que aquí se persigue. Dicho documento, claro está, es de índole similar a un diario, si bien su estructura no es exactamente la misma. No se atiene en lo esencial a una escritura cotidiana, aunque todas las entradas llevan su fecha correspondiente. En algunos casos, las anotaciones abarcan varios meses y ocupan docenas de páginas. La primera parte es un relato retrospectivo sobre un hecho acaecido aproximadamente un añ;o antes. Debo mencionar que he vivido mucho tiempo en Ginebra. Un barrio entero de esta ciudad se conoce como "La Petite Rusie" - La Pequeñ;a Rusia - , por la cantidad de rusos que allí residen. Tenía yo por aquel entonces abundantes vínculos con esta comunidad, aunque confieso que en absoluto comprendo el carácter ruso. Su actitud iló;gica, la arbitrariedad de sus conclusiones y la frecuencia de lo excepcional no debieran revestir dificultad alguna para un estudioso de tantas gramáticas; pero por fuerza debe haber algo más, cierto rasgo humano peculiar: una de esas diferencias sutiles que escapan a la capacidad de un modesto profesor. Lo que nunca deja de sorprender a un profesor de idiomas es el extraordinario amor a las palabras que profesan los rusos. Las atesoran, las aprecian, pero no las esconden en su corazó;n, antes bien se muestran dispuestos a derramarlas en cualquier momento, con un entusiasmo, con una abundancia tan arrolladora, con tanto tino y tanta precisió;n en ocasiones que, como sucede con los loros más listos, no puede uno desprenderse de la sospecha de que en verdad entienden lo que dicen. Hay en su ardor expresivo una generosidad que se aleja cuanto puede de la locuacidad comú;n y que tampoco guarda relació;n con la elocuencia... Mas he de disculparme por esta digresió;n. Sería ocioso inquirir por qué el señ;or Razumov dejó; esta cró;nica. No parece concebible el deseo de que alguien la leyese. Entra aquí en juego un misterioso impulso de la naturaleza humana. Si exceptuamos a Samuel Pepy

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