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Episodios nacionales III. De Oñate a la Granja von Galdós, Benito Pérez (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 31.08.2010
  • Verlag: Linkgua
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Episodios nacionales III. De Oñate a la Granja

De Oñate a la Granja es la tercera novela de la tercera serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. En la primera parte del libro, Fernando Calpena e Hillo están en la cárcel de Madrid, donde van a tener la suerte de toparse con otros presos políticos como ellos. De estas fuentes conoceremos las últimas noticias políticas que nos hablan del fracaso del gobierno Mendizábal y del estado de la guerra Carlista en el norte. Una vez libre, el protagonista Fernando se debatirá entre el amor inflamado y romántico con Aurora (Aura) Negretti y el aprecio fraternal (o así al menos lo cree) con Demetria, una joven a quien, junto con su hermana y su padre, ha ayudado a escapar de los 'facciosos', tal como los constitucionalistas llamaban los tradicionalistas. Mientras tanto, continuamos con la incógnita de quién es la benefactora y protectora del joven, que ha acabado aceptando, aunque de mala gana, la pasión de Fernando por Aura. Incógnita que ya no lo es para don Pedro Hillo, el cura que se ha convertido en el mentor de Fernando y puente entre la secreta benefactora y nuestro héroe. Esta última parte del libro es una epopeya muy del estilo de Pérez Galdós, en la que se suceden los encuentros con desconocidos y donde nos recorremos las comarcas vascas en una escapada hacia los llanos riojanos. Benito Pérez Gáldos (Las Palmas de Gran Canaria, 1843-Madrid, 1920). España. Nacido en Las Palmas de Gran Canaria, el 10 de mayo de 1843, Bénito Pérez Gáldos era el menor de los diez hijos de Sebastián Pérez Macías, teniente coronel del Ejército, y María Dolores Galdós Medina, hija de un antiguo secretario de la Inquisición. Como estudiante de bachiller, en el colegio de San Agustín, Galdós evidenció afición por la música y la pintura. En 1861 escribió sus primeros textos, y un año después inició colaboraciones literarias con el bisemanario El Ómnibus, de Canarias. Al año siguiente se trasladó a la capital española para estudiar derecho en la Universidad de Madrid. Allí realizó colaboraciones con el semanario La Nación y la Revista del Movimiento Intelectual de Europa, y conoció a Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, el cual le alentó en sus propósitos literarios. Tras sus viajes a París, en 1867 y 1868 (como corresponsal de la Exposición Universal), Galdós profundizó en la obra de Balzac, tradujo a Dickens (Papeles póstumos del club Pickwick); en Madrid, pudo presenciar la abdicación de Isabel II (1868) y el ascenso del progresista general Prim. En 1870, tras conocer a Clarín, Galdós escribió sus primeras novelas de influencia romántica y siguió publicando artículos en La Revista de España, en la cual fueron apareciendo después, por entregas, su segunda y tercera novelas. Posteriormente, también publicaría sus relatos en La Ilustración de Madrid. Siendo ya director de La Revista de España, desde 1872, Galdós pasará los veranos en Santander, donde, ese mismo año, conocerá a Mesonero Romanos, de cuyo contacto obtendrá mucha información para sus Episodios nacionales. La escena política española era convulsa: asesinado Prim, Amadeo de Saboya subió al poder durante tres años escasos, siendo obligado a abdicar ante la venida de la I República. La situación era propicia para que Galdós se entregara a la escritura de Los Episodios nacionales, que ocupó casi todo su tiempo entre 1873 y 1876, año en que comenzó a escribir sus primeras novelas de trasfondo social. Tras el golpe de Estado de 1875, el resto de su vida transcurrirá ya bajo la reinstaurada monarquía borbónica de Alfonso XII y, tras su muerte (1885), con la regencia de María Cristina de Habsburgo. Después de 1876, Galdós iría escribiendo su ingente producción simultaneando los Episodios, las novelas, los relatos, el teatro y las crónicas. Galdós trabó estrecha amistad con Emilia Pardo Bazán en 1883, el mismo año en que vio rechazada

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: AdobeDRM
    Seitenzahl: 208
    Erscheinungsdatum: 31.08.2010
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788490072127
    Verlag: Linkgua
    Größe: 431 kBytes
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Episodios nacionales III. De Oñate a la Granja

I

Debemos dar crédito a los cronistas que consignan el extremado aburrimiento de los reos políticos, don Fernando Calpena y don Pedro Hillo en sus primeros días de cárcel. Y que los subsiguientes también fueron días muy tristes, no debe dudarse, si hemos de suplir con la buena lógica la falta de históricas referencias. Instaláronse en una habitación de pago, de las destinadas a los presos que disponían de dinero, y se pasaban todo el día tumbados en sus camastros, charlando si se les ocurría algo que decir, o si juzgaban prudente decirse lo que pensaban, y cuando no, mirábanse taciturnos. El aposento, con ventana enrejada al primer patio, no hubiera sido más desapacible y feo si de intento lo construyeran para hacer aborrecible la vida al infeliz que morara en él. Componíase el mueblaje de dos camas jorobadas, de una mesa que bailaba en cuanto se ponía un dedo sobre ella, de una jofaina y jarro en armadura de pino sin pintar, de cuatro sillas de paja y una percha con garfios como los de las carnicerías, clavada torcidamente en la pared. Depositario Hillo de los dineros de la incógnita, podían permitirse aquel lujo, propio de conspiradores, que les apartaba de la ingrata compañía de ladrones y asesinos. Otros presos políticos habíanse aposentado en iguales estancias del departamento de pago; en ellas han comido el pan del cautiverio, generación tras generación, innumerables héroes de los clubs y del periodismo, que desde tales cavernas se han abierto paso, ya por los aires, ya por bajo tierra, hacia las cómodas salas del Estado.

Días tardó el señor de Hillo en salir de su cavilación silenciosa; no estaba conforme, ni mucho menos, con el papel que forzosamente se le hacía representar en aquella comedia lúgubre, y una noche, después de cenar malamente, quiso romper ya el freno de la reserva o cortedad que le impedía dar suelta a las turbaciones de su alma; mas no encontrando la formulilla propia para empezar, se arrancó con unos versos de don Francisco Javier de Burgos, a quien tenía por el primer poeta del siglo, y en tono altisonante recitó:

De cera en alas se levanta, julio,

Quien competir con Píndaro ambicione;

Ícaro nuevo, para dar al claro

Piélago nombre...

"No me recite versos clásicos, don Pedro -le dijo Calpena-, si no quiere que yo vomite lo que cené... ¡Vaya con lo que sale ahora!

-O al púgil claro que la elea palma

Al Cielo eleva, o rápidos bridones

Inmortalice...

-Que se calle usted, hombre, o allá le tiro una bota.

-Ya no me acordaba de que nos hemos hecho románticos. Así estamos. Hemos caído, nuevos Ícaros , derretidas las alitas de cera, y nos hemos roto el espinazo...

-Y no en un claro mar, sino en esta cárcel nauseabunda, ha venido usted a purgar el pecado de meterse a redentor... Yo me alegro; créalo, me alegro como si me hubiera caído la lotería... Porque todo lo que le pase se lo tiene usted bien merecido.

-Es verdad; lo reconozco. Y con toda la honradez de mi carácter, declaro que la conducta de la señora invisible con este su humilde servidor, es la conducta de un sátrapa de Oriente.

-¿Lo ves, clérigo, lo ves? -dijo riendo Calpena, que empezó a tutearle con familiaridad desdeñosa-. ¿No me oíste protestar del despotismo de la velada ?... Ahora que sientes el palo sobre ti, lo reconoces...

-Ahora sí, pues si considero natural que la señora incógnita desee que una persona grave y sesuda custodie al niño en este encierro donde ha sido forzoso meterle, no me parece bien que arroje sobre mí el vilipendio de la prisión, sin acordarse de que soy sacerdote, aunque indigno...

-Las incógnitas, mi querido clérigo, suelen ser desmemoriadas. Esta que ahora nos ha metido en el estaribel , no se para en pelillos; va a su objeto, caiga el que caiga.

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