text.skipToContent text.skipToNavigation
background-image

Episodios nacionales III. Vergara von Galdós, Benito Pérez (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 31.08.2010
  • Verlag: Linkgua
eBook (ePUB)
2,99 €
inkl. gesetzl. MwSt.
Sofort per Download lieferbar

Online verfügbar

Episodios nacionales III. Vergara

Vergara es la séptima novela de la tercera serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. La primera guerra Carlista se encuentra aparentemente enquistada. Pero la realidad es que las disensiones en el campo carlista están minando la fuerza del dubitativo general Maroto, lo cual es aprovechado por el general Espartero, que enviará a nuestro héroe, don Fernando Calpena, a negociar una paz que no deje en muy mal lugar a su contrincante. Sus buenas artes para la intermediación van a llevarle, convenientemente disfrazado, a adentrarse en territorio carlista con la idea de comprobar la disponibilidad de los mandamases carlistas a un posible final negociado de la contienda. Lo cierto es que a esas alturas de la guerra, los hechos demostraban que el bando carlista iba a tenerlo muy difícil para vencer. Y más tratándose de la parte norteña del territorio faccioso, totalmente rodeado por las tropas cristinas. Vergara fue la villa guipuzcoana que vio unido para siempre su nombre al convenio entre los generales Espartero y Maroto, que puso fin en 1839 a los seis sangrientos años durante los que transcurrió la primera guerra Carlista. Por otro lado, nuestro protagonista tiene un encuentro con Zoilo Arratia, el marido de Aura y rival en el amor por ella, con quien acabará trabando una amistad que lo llevará a la búsqueda de su antigua enamorada. Benito Pérez Gáldos (Las Palmas de Gran Canaria, 1843-Madrid, 1920). España. Nacido en Las Palmas de Gran Canaria, el 10 de mayo de 1843, Bénito Pérez Gáldos era el menor de los diez hijos de Sebastián Pérez Macías, teniente coronel del Ejército, y María Dolores Galdós Medina, hija de un antiguo secretario de la Inquisición. Como estudiante de bachiller, en el colegio de San Agustín, Galdós evidenció afición por la música y la pintura. En 1861 escribió sus primeros textos, y un año después inició colaboraciones literarias con el bisemanario El Ómnibus, de Canarias. Al año siguiente se trasladó a la capital española para estudiar derecho en la Universidad de Madrid. Allí realizó colaboraciones con el semanario La Nación y la Revista del Movimiento Intelectual de Europa, y conoció a Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, el cual le alentó en sus propósitos literarios. Tras sus viajes a París, en 1867 y 1868 (como corresponsal de la Exposición Universal), Galdós profundizó en la obra de Balzac, tradujo a Dickens (Papeles póstumos del club Pickwick); en Madrid, pudo presenciar la abdicación de Isabel II (1868) y el ascenso del progresista general Prim. En 1870, tras conocer a Clarín, Galdós escribió sus primeras novelas de influencia romántica y siguió publicando artículos en La Revista de España, en la cual fueron apareciendo después, por entregas, su segunda y tercera novelas. Posteriormente, también publicaría sus relatos en La Ilustración de Madrid. Siendo ya director de La Revista de España, desde 1872, Galdós pasará los veranos en Santander, donde, ese mismo año, conocerá a Mesonero Romanos, de cuyo contacto obtendrá mucha información para sus Episodios nacionales. La escena política española era convulsa: asesinado Prim, Amadeo de Saboya subió al poder durante tres años escasos, siendo obligado a abdicar ante la venida de la I República. La situación era propicia para que Galdós se entregara a la escritura de Los Episodios nacionales, que ocupó casi todo su tiempo entre 1873 y 1876, año en que comenzó a escribir sus primeras novelas de trasfondo social. Tras el golpe de Estado de 1875, el resto de su vida transcurrirá ya bajo la reinstaurada monarquía borbónica de Alfonso XII y, tras su muerte (1885), con la regencia de María Cristina de Habsburgo. Después de 1876, Galdós iría escribiendo su ingente producción simultaneando los Episodios, las novelas, los relatos, el teatro y las crónicas. Galdós trabó estrecha amistad con Emilia Pardo Bazá

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: AdobeDRM
    Seitenzahl: 200
    Erscheinungsdatum: 31.08.2010
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788490072196
    Verlag: Linkgua
    Größe: 421 kBytes
Weiterlesen weniger lesen

Episodios nacionales III. Vergara

VI

Del mismo a la misma

Vitoria, diciembre.

Madre querida: Si en mis tres últimas vengo transmitiendo a usted esperanzas con gradación muy lenta, en esta, que es la cuarta de diciembre, creo poder darlas con menos miedo de equivocarme. Me dice el médico que cree sorteado el gran peligro, y que el enfermo entra en un período de reparación, si bien es tal su debilidad, que aquella no puede ser rápida. Ya su estómago admite alimento, y estas noches últimas ha dormido con sosiego algunos ratos. El grave riesgo de la reabsorción parece conjurado totalmente. No obstante, me abstengo de entregarme aún a la alegría del triunfo, pues este es dudoso. Aprovechando los momentos en que le tenemos despejado, le he leído algunos trozos de las últimas cartas de Madrid, y aquel en que me expresaba usted su anhelo de vernos juntos los tres festejando el restablecimiento de nuestro capellán le afectó de tal modo, que hube de suspender la lectura porque el llanto le ahogaba.

Por cierto que no sé cómo hemos de pagar a este señor de Socobio y a su familia abnegación tan extremada. Llevamos aquí cuarenta días, con las increíbles molestias que ocasiona un enfermo grave, y ni un instante he visto desmentida la bondadosa paciencia de estos señores, ni en ninguna cara muestras de contrariedad o cansancio. ¿Proceden así por efusión caritativa, o por un exceso de sociabilidad, en la cual prevalece el culto de los cumplimientos? Creo que de todo hay en un grado superior.

Mucho me complace que ya esté en Villarcayo nuestro ínclito don Beltrán. Aguardo impaciente su primera carta. Ojalá sea histórica, y que siga el hombre con la vena de comunicarte los sucesos políticos y militares con su gracioso pesimismo. La última que me escribió de Madrid con la reseña biográfica del nuevo Ministerio es deliciosa. ¡Cuánto más dignas de los honores de la letra de molde son esas donosas pinturas que las infinitas insulseces que fatigan las prensas uno y otro día, y que solo servirán, como dice Bretón, para envolver los dátiles y el queso! Y ya que hablamos de notas biográficas, algo tengo que decir a usted de las mías, pues mi pobre historia, aunque parece dormida, no lo está, y cuando menos lo pienso se remueve, causándome tristezas y zozobra. Cuando esté más tranquilo y vea libre de todo peligro a mi caro capellán, le contaré a usted... Pero no, no: se lo contaré ahora mismo, para que no caiga en cavilaciones, que la mortificaran más de lo justo.

Vamos a ello, que tengo toda la noche por mía para darle a la pluma. Hillo duerme y yo velo, platicando con mi adorada madre, que se me figura está detrás de mí, mirando por encima de mi hombro lo que escribo. Esta mañana, hallándose el enfermo muy animado, y, según decía, con ganas de vivir, hablome así: "Fernando, se librará mi alma de un gran peso si te revelo un secretico". Total: que Zoilo Arratia se presentó en Villarcayo preguntando por mí el día siguiente al de nuestra salida. No es esto solo. En Miranda, a donde se cree que fue en mi seguimiento, acompañado de otros dos individuos que Hillo desconoce, me libré de tan enojosa visita por la circunstancia de haber sido presos los tres caminantes a poco de su llegada, ingresando en la cárcel. ¡Qué raro es todo esto!, ¿verdad, madre mía? Entiende don Pedro, por algo que oyó en Miranda, que les detuvieron por espías y desertores. Casi estoy por salir a la defensa de Zoilo Arratia, no creyéndole capaz de tan feos delitos, si bien por otras infames violaciones de la ley moral le juzgue merecedor de condenación eterna. Bueno: sigamos, que aún falta lo mejor del secretico. En su calabozo escribiome el bilbaíno una carta, que recibió don Pedro mientras estaba yo en la calle despidiéndome de mis amigos. Naturalmente, por no disgustarme, se abstuvo de dármela, y la guardó en la cartera donde lleva sus testimoniales y otros papeles de importancia. "Busca, hijo, busca ese documento y

Weiterlesen weniger lesen

Kundenbewertungen