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Las luminarias von Catton, Eleanor (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 10.12.2014
  • Verlag: Ediciones Siruela
eBook (ePUB)

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Las luminarias

NOVELA GANADORA DEL MAN BOOKER PRIZE Un tempestuoso día de enero una prostituta es arrestada. Ese hecho podría pasar desapercibido en mitad de la fiebre del oro que recorre la costa de Nueva Zelanda en el año 1866, si no fuera por los otros tres acontecimientos misteriosos que se producen el mismo día: se descubre una enorme fortuna en la casa de un borracho indigente, un hombre rico desaparece y un capitán de navío de mala reputación suspende todos sus tratos y leva anclas, como si pretendiera darse a la fuga. Los tres hombres están conectados con Anna Wetherell, la prostituta en cuestión. Los doce hombres más poderosos de la ciudad se reúnen en la taberna local para debatir sobre esta secuencia de hechos aparentemente fortuitos, pero su asamblea es interrumpida por la llegada de un extraño: el joven Walter Moody, que también esconde su propio secreto; Moody pronto se verá involucrado en el misterio: una red de destinos y fortunas que resulta tan compleja y tan bien intrincada como el firmamento nocturno. 'Las luminarias es una verdadera proeza. Las páginas pasan volando entre los dedos mientras un universo se abre y se cierra ante nosotros y el alma humana se nos revela en toda su desesperación y su conflicto.' The New York Times Book Review 'Irresistible, magistral, fascinante; Catton es una maestra del argumento y del ritmo.' The Telegraph Eleanor Catton (Ontario, Canadá, 1985) se trasladó a vivir con su familia a Nueva Zelanda a la edad de 6 años. En 2007 obtuvo un máster en Escritura Creativa, y su primera novela El ensayo general, escrita como tesis de graduación para el máster, fue premiada con el Adam Award, obteniendo un gran éxito entre la crítica y los lectores de Nueva Zelanda, que fue extendiéndose a Gran Bretaña y EE.UU. Tanto su primera obra como la segunda, Las luminarias, han sido traducidas a los principales idiomas y han recibido importantes galardones internacionales, destacando el Man Booker Prize por Las luminarias.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 808
    Erscheinungsdatum: 10.12.2014
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788416208661
    Verlag: Ediciones Siruela
    Größe: 2023 kBytes
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Las luminarias

J ÚPITER EN S AGITARIO

En el que se discuten los méritos de la asistencia, se cuestiona un apellido, Alistair Lauderback queda desconcertado y el consignatario cuenta una mentira .

La narración de Balfour, un tanto tortuosa a causa de las interrupciones y entorpecida en general por el estilo lírico de su discurso, se iba embrollando cada vez más a medida que avanzaba, y hubieron de transcurrir varias horas antes de que Moody entendiese por fin con claridad el orden de los acontecimientos que habían precipitado el conciliábulo de la sala de fumadores del hotel.

Las interrupciones fueron demasiado pesadas, y el enfoque de Balfour demasiado divagatorio, como para merecer que levantemos acta fiel y exhaustiva de todo lo que dijeron los presentes. Suprimiremos aquí sus imperfecciones e impondremos una disciplina militar a la impaciente crónica del errabundo pensamiento del consignatario; aplicaremos nuestra propia argamasa a las grietas y rendijas de los recuerdos mundanos y daremos nueva vida al edificio que, en la memoria solitaria, no existe más que en ruinas.

Comenzamos, como hizo el propio Balfour, con un encuentro que había tenido lugar en Hokitika esa misma mañana.

_

Antes de los albores de la fiebre del oro de la Costa Occidental, cuando Hokitika no era más que una boca marrón abierta al océano y el oro de sus playas brillaba silencioso y oculto, Thomas Balfour vivía en la provincia de Otago y dirigía sus negocios desde un pequeño edificio con tejado de tablillas del malecón de Dunedin, bajo un estandarte de calicó que llevaba inscrita la leyenda B ALFOUR & H ARNETT , A GENCIA N AVIERA . (El señor Harnett hacía tiempo que había abandonado la empresa conjunta, de la que solo había poseído un tercio de las acciones: ahora se hallaba disfrutando de un retiro colonial en Auckland, lejos de la escarcha de Otago y de la niebla que anegaba de blanco los valles en las frías horas previas al alba). La ventajosa ubicación de la firma -enfrente del muelle central, con vistas a los lejanos espigones del puertoatraía a una clientela distinguida, y entre los numerosos clientes se encontraba el antiguo superintendente de Canterbury, un gigantón con manos como palas que tenía fama de obrar con convicción, afán expansivo y celo.

Alistair Lauderback -así se llamaba el estadista- había disfrutado de una sensación de aceleración constante a lo largo de su trayectoria. Nacido en Londres, había estudiado abogacía antes de emprender el viaje a Nueva Zelanda en el año 1851, haciéndose a la mar con dos metas: la primera, amasar una fortuna, y la segunda, doblarla. Su ambición se avenía bien con una vida política, y en especial con la vida política de un país joven. Lauderback ascendió, y ascendió deprisa. En los círculos legales se lo admiraba mucho por su capacidad de proponerse algo sin darse tregua hasta que lo sacaba adelante; en virtud de este excelente rasgo de carácter, fue recompensado con un puesto en el Consejo Provincial de Canterbury e invitado a presentarse a la Superintendencia, cargo para el cual fue elegido por aplastante mayoría. Cinco años después de tomar tierra en Nueva Zelanda, su red de contactos llegaba hasta el Ministerio de Stafford y el primer ministro en persona; para cuando llamó por primera vez a la puerta de Thomas Balfour, engalanado con una flor de kowhai recién cortada en el ojal y un cuello alzado cuyas puntas evasé (observó Balfour) habían sido almidonadas por una mano de mujer, ya no cabía considerarlo un pionero. Olía a permanencia: al tipo de influencia que perdura.

En lo que a su semblante y su porte se refiere, más que apuesto Lauderback resultaba imponente. Su barba, larga y roma como la de Balfour, sobresalía casi horizontalmente de su mandíbula, dotando a su rostro de un aspecto regio; bajo las cejas, sus oscuros ojos relumbraban. Era muy alto, y est

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