text.skipToContent text.skipToNavigation
background-image

Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea Ausgezeichnet m. d. Branford Boase Award 2013 von Pitcher, Annabel (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 15.03.2011
  • Verlag: Ediciones Siruela
eBook (ePUB)
9,99 €
inkl. gesetzl. MwSt.
Sofort per Download lieferbar

Online verfügbar

Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea

Esta historia de la lucha de un niño por recuperar a su familia desgarra y conmueve, pero está también llena de humor y esperanza. La voz de Jamie tiene tanta fuerza que uno no puede evitar ponerse de su parte y ver el mundo a través de sus ojos. Han pasado cinco años desde que Rose murió en un atentado terrorista islámico en el centro de Londres. Su hermano Jamie, de diez años, no ha podido llorar todavía, aunque sabe que debería hacerlo porque toda su familia lo hizo. Las cosas no van nada bien desde entonces: su padre bebe cada vez más, su madre los ha abandonado, Jasmine, la gemela de Rose, ha dejado de comer y Jamie tiene muchas preguntas que nadie le responde. Pero un día un anuncio de televisión le hace soñar con que todo vuelva a ser como antes. Annabel Pitcher nació en un pueblo de Yorkshire y estudió Filología Inglesa en la universidad Oxford, y desde entonces ha trabajado en medios de comunicación y como profesora de inglés.Su afán por escribir una novela le hizo viajar por el mundo, tomando notas en autobuses peruanos, en el Amazonas y a la sombra de los templos vietnamitas, lo que dio origen a esta novela. Actualmente vive en Yorkshire.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 232
    Erscheinungsdatum: 15.03.2011
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788498415544
    Verlag: Ediciones Siruela
    Größe: 387 kBytes
Weiterlesen weniger lesen

Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea

2

Mañana es mi cumpleaños, y una semana después empiezan las clases en mi nuevo colegio, la Escuela Primaria de la Iglesia de Inglaterra en Ambleside. Está a unas dos millas de nuestra casa, así que papá me va a tener que llevar en coche. Aquí no es como en Londres. No hay autobuses ni trenes por si está demasiado borracho para salir. Jas dice que ella irá conmigo andando si no conseguimos que nos lleven, porque su escuela está como una milla más allá. Dijo Por lo menos nos vamos a quedar en los huesos y yo me miré los brazos y dije Para los chicos estar en los huesos no es bueno . A Jas no le sobra un gramo, pero come como un ratón y se pasa horas leyendo lo que pone por detrás de los envases para ver las calorías. Hoy ha hecho una tarta para mi cumpleaños. Ha dicho que era una tarta sana, con margarina en lugar de mantequilla y casi sin azúcar, así que lo más probable es que sepa raro. Pero tiene buena pinta. Nos la vamos a comer mañana, y me dejan cortarla a mí porque es mi día.

He mirado antes en el buzón y no había nada más que un menú de la Casa del Kebab, que he escondido para ahorrarle a papá el disgusto. Ningún regalo de cumpleaños de mamá. Ni una tarjeta de felicitación. Pero todavía queda mañana. No se va a olvidar. Antes de que nos fuéramos de Londres, yo compré una tarjeta de Nos mudamos de casa y se la mandé a ella. Lo único que escribí dentro fue la dirección de la casa y mi nombre. No sabía qué más poner. Ella está viviendo en Hampstead con el tipo aquel del grupo de apoyo. Se llama Nigel, y yo lo conocí en uno de esos actos conmemorativos en el centro de Londres. Con la barba larga y en plan greñas. La nariz torcida. Fumando en pipa. Escribe libros sobre otros que han escrito libros, cosa a la que no le veo mucho sentido. Su mujer murió también el 9 de septiembre. Puede que mamá se case con él. Puede que tengan una niña y la llamen Rose y entonces se olviden del todo de mí y de Jas y de la primera mujer de Nigel. Me pregunto si de ella encontrarían algún pedazo. Igual él tiene una urna sobre la repisa de la chimenea y lo mismo le compra flores en su aniversario de boda. Eso a mamá no le haría ni pizca de gracia.

Roger acaba de entrar en mi cuarto. Le gusta enroscarse por la noche junto al radiador, al calorcito. Ese sitio a Roger le encanta. En Londres lo teníamos siempre dentro de casa por el tráfico. Aquí puede campar a sus anchas, y hay un montón de animales que cazar en el jardín. En nuestra tercera mañana encontré una cosa pequeña y gris y muerta en el umbral de la puerta. Creo que era un ratón. Como no me sentía capaz de cogerlo con los dedos busqué un trozo de papel, lo coloqué encima empujándolo con un palo y lo tiré a la basura. Pero luego me sentí como un canalla así que lo saqué de la basura y lo puse debajo del seto y lo cubrí con hierba. Roger soltó un maullido como si no se pudiera creer lo que yo estaba haciendo, con el trabajo que le había costado. Le dije que las cosas muertas me ponen enfermo y me frotó el cuerpo anaranjado por la espinilla para que yo supiera que me había entendido. Es verdad. Los cadáveres me ponen del revés. Está feo decirlo pero, si Rose tenía que morirse, me alegro de que la encontraran en pedazos. Habría sido mucho peor que estuviera debajo de la tierra, rígida y fría, con exactamente el mismo aspecto que la niña de las fotos.

Me imagino que mi familia fue feliz un día. En las fotos se ven un montón de sonrisas y de ojos achinados, todos fruncidos como si alguien acabara de contar un chiste buenísimo. En Londres, papá se pasaba horas contemplando esas fotos. Teníamos cientos, todas hechas antes del 9 de septiembre, y estaban todas revueltas en cinco cajas diferentes. Cuatro años después de que muriera Rose papá decidió ponerlas en orden, las más recientes primero y las más antiguas al final. Compró diez álbumes de esos pijos de cuero de verdad con letras dorad

Weiterlesen weniger lesen

Kundenbewertungen