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Comisario de choque Crónica de una guerra que nunca imaginé von Siscart, Joan Sans (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 04.08.2016
  • Verlag: Milenio Publicaciones
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Comisario de choque

El autor narra en primera persona su experiencia como comisario político en el ejército de la República durante la guerra civil española. Es un testimonio de gran valor humano en el que el autor realiza una importante aportación histórica sobre la Columna Durruti y la Batalla del Segre. Joan Sans Sicart (Barcelona, 1915) cursó estudios en Barcelona, Sant Feliu de Guíxols, Perpignan y Badalona. Maestro racionalista y campeón de atletismo, construyó su vida a partir de tres ideales: trabajo, estudio y deporte. El 19 de julio de 1936, con 21 años, comienza su lucha para defender los principios éticos, catalanes, republicanos e ibéricos. 'Estábamos con-vencidos de que luchábamos a favor de todas las libertades de la clase trabajadora del mundo entero. No fue así, no por culpa nuestra sino por culpa de ellos.' Con una compañera de militancia política y sindical, formó una familia, de la que nacieron un hijo y una hija, y que tuvo que enfrentarse a las incertidumbres de un largo exilio. Joan Sans reside actualmente en Francia.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 302
    Erscheinungsdatum: 04.08.2016
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788497437493
    Verlag: Milenio Publicaciones
    Größe: 4047 kBytes
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Comisario de choque

INTRODUCCIÓN

Quisiera volver otra vez a la casa de mis padres, de mi familia, y convivir con mis hermanos y mi abuelo. Quisiera volver al mundo de los 20 años, a la esperanza, a las pasiones que mantiene y vive la juventud. Vivir la creación mental de mi propio mundo e incluso sentir las zancadillas de las arbitrariedades que se acumulan en nuestro interior y nos obligan a pensar. Mirar hacia dentro y dejar correr la incertidumbre de mi futuro, huyendo de lo que fue el golpe mortal del fascismo en el año 1936. Quisiera renacer 60 años atrás y encontrarme de nuevo con los mismos compañeros y los mismos amigos que formaban un todo. Reanudar mi vida cotidiana de trabajo, estudio y deporte. En aquel tiempo no pensaba en la muerte, ni siquiera en las chicas bonitas. Mi único pensamiento era el presente y la forma en que lo iba perfilando para seguir los pasos hacia la superación. Quería afianzar gradualmente, pero de manera obstinada, el desarrollo de mi personalidad independiente en la lucha por la vida y en la aportación de uno más a la colectividad.

Sabía que era emprendedor y, por naturaleza, profundamente optimista. Todo lo que era material y afición habitual de los humanos no me satisfacía en absoluto. Sabía que amaban mi persona pero yo no correspondía. Lo consideraba prematuro y un posible freno a mis aspiraciones inmediatas, y ello me producía una cierta felicidad íntima, muy interior. Pero yo había puesto el listón muy alto y estaba dispuesto a superarlo. Sentía la necesidad y unas ansias locas de encontrarme a mí mismo, de descubrir mi entorno y poder sopesar todas las posibilidades que proporcionaban mis inquietudes.

Vivía en el seno de mi familia donde, gracias al trabajo de todos, no existía ningún tipo de problema material. La organización de mi vida era casi cronométrica. Las 24 horas del día estaban todas perfectamente distribuidas, ocupadas en primer lugar por el trabajo; después, por la preparación física y deportiva de competición (que me comportó cierta notoriedad en algún campeonato de Cataluña de atletismo en pista), y finalmente, por el estudio nocturno del bachillerato como alumno libre matriculado en el Instituto Albéniz de Badalona. En aquella época desconocía por completo qué eran bailes y cafés, y había hecho mío el principio latino de mens sana in corpore sano. Me sentía lleno de entusiasmo por dentro y el mundo me pertenecía, aunque no lo conocía en absoluto. Pero yo me encaminaba de forma imperturbable hacia su búsqueda. No lo quería para mí de manera egoísta: quería entenderlo, vivirlo, amarlo. En el fondo me dejaba llevar por mi propia mano y encontraba amistad y afecto y, en ocasiones, incluso adulación. Me gustaban las responsabilidades y no las rehuía. Mi pensamiento sobre la muerte no era filosófico aunque, interiormente, la consideraba más justa que el nacimiento.

Si regresara otra vez a mi pasado, al sistema simple que representa para cada persona la escuela de la vida, volvería a trabajar en la empresa de laminados Metalgraf Española-Gotardo de Andreis, en Badalona. Empecé a trabajar allí a los 14 años y medio, y allí permanecí durante más de cuatro años que nunca he lamentado. No rechazaría trabajar de nuevo allí porque lo que viví, lo que aprendí con el conjunto de obreros, compañeros o no, las discusiones informales que se producían y el simple hecho de llevar a casa el sueldo cada sábado, todo ello me llenaba de satisfacción.

Tampoco me resultaría penoso volver a comenzar las clases de bachillerato al finalizar la jornada laboral durante una hora con un profesor particular, el señor Miró, militante de Esquerra Republicana de Catalunya. Nos compenetrábamos muy bien, y con sus clases, y el añadido de alguna sesión suplementaria en el Ateneo Enciclopédico Popular de Barcelona, iba salvand

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